|
Alosaurio Caupolicán
Era algo formidable que nunca vio mi raza.
Robusta bestia bizarra de parduzco color.
Salvaje y aguerrido. Pavorosa amenaza.
Verdugo de víctimas rebosantes de terror.
Por casco sus escamas, sus cuernos por coraza.
Pudiera tal guerrero del Jurásico Superior,
espanto de las junglas, saurio que todo caza,
desjarretar a estegosaurios, o algo aun mayor.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le veían en Laurasia,
le veían en Gondwana, dando cruel eutanasia
a enormes titanes en esfuerzo agotador.
"¡La Pita, la Pita!" clama la extinguida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. El tiempo dijo: "¡Basta!"
e irguióse la alta frente del gran depredador.
Reto desde aquí a El Criba y otros rapsodas prehistóricos a unos juegos florales (o gimnospérmicos, si dejamos al Cretácico fuera de esto). ¡Iluminémonos con los chispazos de nuestros floretes en duelo paleolírico en este mundo oscuro sin ya poesía ni terópodos!
|